domingo, 5 de marzo de 2017

CONTROL DE ESFÍNTERES

 El control de esfínteres con el consiguiente abandono de los pañales es uno de los momentos del desarrollo del niño o niña que más dudas suscitan a los padres. El control de esfínteres dependerá del proceso madurativo de cada niño o niña y no aprenderá a controlarlos hasta que su capacidad de comprensión no sea la adecuada. Debe ser capaz de reconocer las señales de su cuerpo que le indican la
necesidad fisiológica y controlarla hasta llegar al baño, desvestirse y colocarse en posición adecuada. Este proceso se consigue entre los 2 y los 3 años. Hay que tener presente que algunos niños aprenden más rápidamente que otros, incluso antes de los dos años y que, por lo general, las niñas suelen aprender antes que los niños.
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     El control de esfínteres depende del proceso madurativo del niño/a en el que debe de ser capaz de reconocer las señales de su cuerpo que le indican la necesidad fisiológica y controlarla hasta llegar al baño, desvestirse y colocarse en posición adecuada.
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    Este proceso se consigue entre los 2 y los 3 años (incluso puede llegar a los 4, y con 6 años hay niños que no tienen control de esfínteres nocturnos, pero se considera normal hasta los 7 años). Hay que tener presente que algunos niños aprenden más rápidamente que otros, incluso antes de los dos años y que por lo general las niñas suelen aprender antes que los niños. Los niños que cumplen años pronto, aun son pequeños.
·  Hay que reconocer el estímulo, pero antes de haberse hecho pipi, es decir, con tiempo suficiente para avisar y que les dé tiempo a llegar.
·   Otro hándicap es la ropa que lleven, que también ejerce un papel en el poder ir al baño e ir rápidamente.


ENSEÑANZA DEL CONTROL DE ESFÍNTERES

1. Enseñar a reconocer y nombrar las partes del cuerpo, en especial aquellas que están relacionadas con la eliminación de la orina y las heces, así como el vocabulario necesario para expresar sus necesidades: caca, pipí, váter, etc.
Que hablen abiertamente y nombrar las partes del cuerpo relacionadas, que no les de vergüenza decir que tienen que hacer pipí.

2. Enseñar a tener conciencia de sus necesidades y de la diferencia entre ir sucio y limpio.
Observar señales de que necesita ir al baño. Es bueno preguntarle: ¿Te estás haciendo caca?
¿Tienes ganas de hacer pipí?
Hay que ofrecerles la posibilidad de ir al baño, aunque no tengan ganas, crear espacios y tiempos donde tengan que ir al baño

3. Vestirle con ropa cómoda, de forma que pueda bajarse la ropa sólo y con rapidez.
Para que les sea fácil y poder ser autónomos.
4. Evitar el miedo a “colarse” por el inodoro, usando orinal o un adaptador del asiento.

5. Para educar el control intestinal se recomienda animar al niño o niña a sentarse en el inodoro durante 5 minutos dos veces al día: una vez por la mañana, después de desayunar, ya que es la hora en que se inician los movimientos intestinales; la segunda vez por la noche, antes de acostarse. Para conseguir que permanezca sentado eso 5 minutos, puede proporcionársele cuentos o juguetes que le mantengan distraído.

6. Para educar en el control de la orina, intentar que se siente aproximadamente cada 2 horas en el inodoro y felicitarle si consigue vaciar la vejiga. Para estimular el control nocturno de la orina, transmitir la alegría y el aprecio al niño o la niña por las noches que no se ha hecho pipí e ignorar las noches que no ha habido control, puesto que éste no depende de su voluntad.
Si el pañal del niño está seco durante todo el día es una prueba de que puede aguantar sin hacer pis, y hay que ponerle en el baño, tanto por el día como por la noche.
Aunque no tengan ganas hay que sentarlos cada dos horas, y para hacer caca podemos dejarles algo que les entretenga mientras hacen caca.
Hay que felicitarle cuando haga pipi, no es aconsejable dar premios de tipo material

7. No reñir o recriminar nunca por no haber podido controlar a tiempo, pero sí se puede gratificar
o premiar cada vez que dé un paso positivo en el control de esfínteres. Felicitarle por haber conseguido permanecer sentado y llevar a cabo sus necesidades. Nunca hay que reñirle si no lo ha conseguido, no se debe forzar el tiempo de permanencia.

8. Si el niño o niña no ha conseguido controlar la micción nocturna después de los 6 años, será necesario consultar con el pediatra.


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